La construcción del teatro chino en Lima
- Título
- La construcción del teatro chino en Lima
- Autor
- B. R.
- Es parte de
- El Comercio, no. 38566
- Fecha de publicación
- 1920-03-14
- Descripción
- Realiza una reseña de la historia del teatro tradicional chino en Lima. Describe aspectos de las representaciones escénicas y los argumentos teatrales. Comenta sobre la presencia de la mujer en los escenarios. Señala algunos conflictos con un sector del público limeño e informa sobre la construcción de un nuevo teatro bajo la responsabilidad del empresario chino Federico Tong.
- Materia
- Argumentos de las obras teatrales
- Compañías teatrales (California, Estados Unidos)
- Compañías teatrales (Cantón, China)
- Travestismo como recurso teatral
- Horario y duración de las obras teatrales
- Costumbres de los inmigrantes chinos en el teatro
- Convivencia entre peruanos e inmigrantes chinos
- Tipo de público
- Reseña histórica del teatro tradicional chino
- Incendio en el teatro
- Empresarios de los teatros chinos tradicionales
- Precios y venta de localidades
- Teatro de la carpa del Rastro de la Huaquilla
- Teatro del rastro de la Huaquilla
- Teatro Delicias
- Teatro tradicional chino en Barrios Altos (Lima, Perú)
- Sociedad y teatro tradicional chino
- Características de las obras teatrales
- Compañías teatrales
- Negocio teatral
- Infraestructura teatral
- Infraestructura teatral
- Cobertura espacial
- Barrios Altos (Lima, Perú)
- Extensión
- p. 9
- Idioma
- spa
- Referencia bibliográfica
- B. R. (14 de marzo de 1920). La construcción del teatro chino en Lima. El Comercio, p. 9.
- Procedencia
- Biblioteca del Instituto Riva-Agüero
- Derechos de acceso
- info:eu-repo/semantics/openAccess
- Publicación periódica
- El Comercio
- Localización
- Biblioteca del Instituto Riva-Agüero
- Biblioteca Central Pedro Zulen de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos
- Biblioteca del Congreso de la República del Perú (Sede Jirón Huallaga)
- Transcripción
La construcción del teatro chino en Lima - Un interesante proyecto--Dentro de poco será inaugurado el nuevo local--Los propósitos del empresario--Lo que fué el arte teatral asiático entre nosotros. El conocido industrial chino, don Federico Tong, hombre entusiasta y progresista dentro de la colonia, que siempre se ha preocupado por ofrecerá sus connacionales diversiones honestas y agradables, para apartarlos de los vicios que amenazan la vitalidad de la raza, construye actualmente en un gran terreno de la calle del Rastro de la Huaquilla un nuevo teatro, en el cual se harán, como siempre, representaciones de dramas y obras guerreras de la antigua y moderna escenas chinas. Don Federico Tong instaló, también, hace poco tiempo, en unos altos de la calle de Hoyos, un elegante local, el que habilitó como club social, para que sus compatriotas pasaran las noches entregados á las lecturas y otros entretenimientos lícitos y útiles. Pero por circunstancias que no es del caso enumerar, el club se clausuró al poco tiempo, emprendiendo entonces el fundador y presidente la construcción del teatro, que muy pronto se inaugurará. EL ANTIGUO TEATRO CHINO:- Desde muy niño, seguramente, habrá oído hablar el lector del teatro chino, como uno de los más agradables y originales lugares de diversión nocturna en Lima. Es fama que muchos extranjeros que nos visitaron, entre las reliquias y originalidades de nuestra ciudad, preguntaban por la ubicación del teatro, para ver las representaciones, en las cuales campea desdelos más ingenuos temas del amor hasta las más épicas y legendarias hazañas de los dioses y los héroes. Allí se iban todas las noches los trasnochadores profesionales, los bohemios trashumantes; los periodistas nocturnos y la chiquillería que siempre busca sensaciones que no acierta á comprender. LAS REPRESENTACIONES:- La representación se prolongaba, desde las 9 de la noche hasta las 5 y 6 de la madrugada. Había obra que solía -1 durar dos, tres y también cinco días. Se entraba á la sala por un callejón á cuyos lados había una serie de habitaciones pequeñas, sucias y mal olientes, en las cuales se jugaba, se comía y se bebía. A la entrada de la sala un martillo permitía el pase de uno en uno á los espectadores. Nadie podía pasar sin el correspondiente boleto; tal decía una de las ordenanzas en la pared; pero como en Lima nunca se hace caso de ellas, y tratándose del teatro chino menos, los vivos daban un papel doblado, del color del boleto, le atestiguaban al boletero haberle entregado ya la localidad, daban un empellón y se entraban tranquilamente, instalándose en los mejores asientos, gritando, riendo y burlándose de la unión y religiosidad con que pasaba Confucio por la escena. Esto soliviantaba sobremanera á los chinos; pero los infelices tenían que hacer la vista gorda y no protestar. La orquesta se instalaba en el procenio. Y el ruido de las chirimías y de los tambores, pitos y flautas, junto con las carcajadas de los limeños divertidos, impedía que el asiático se deleitara escuchando los sonoros versos de sus poetas dramáticos y la vibrante prosa de sus comediógrafos. Era s un sacrificio para los chinos; era una tortura patriótica. Los recuerdos del hogar, las hazañas de sus capitanes; e la fidelidad de sus mujeres; la magnanimidad del emperador, Sol de los Soles y la virtud do los sacerdotes, burlados, escarnecidos y mofados por unos le bergantes que no podían comprender todo el caudal de poesía y de aroma del terruño que evocaba la escena. ¡Cómo sufrían los infelices! Esto sin perjuicio de la bronca que se armaba siempre. Existió una gradería en donde se colocaban los espectadores, venía á ser la cazuela de nuestros teatros. Allí el precio era menor. La frecuentaban los dependientes de encomendería; los vendedores de emolientes; los chinos viejos que pedían limosna y recogían colillas de cigarros; los recién llegados. Toda la pobreza de las. colonia iba allí, á deleitarse y extasiarse. Según su inveterada costumbre-no se sentaban, sino que permanecían en cuclillas durante toda la representación. Y fumaban, fumaban mucho. En el último piso de la gradería se colocaban los mozos limeños, los que iban á divertirse y á molestar á los asiáticos. Y cuando todos ellos contemplaban la figura venerable del gran sacerdote, bastaba un ligero empellón al chino que estaba arriba, para que éste cayera al centro de la sala, arrastrando á quince, veinte ó treinta más. La gritería era ensordecedora. Se hablaba en chino, en castellano y una jerigonza mitad española mitad china. La policía entraba; los matones escapaban; los chinos se curaban.... Y la representación suspendida durante el incidente, continuaba luego con toda tranquilidad. Otras veces se llevaban cohetes; prendían papeles, arrojaban la colilla del cigarro sobre los resplandecientes trajes de los artistas. Aquello era horrible, escandaloso, molesto. LA ESCENA :- ¿Quien acertaría a explicar el argumento de las obras chinas? Apenas si unos cuantos privilegiados, que eran invitados á los palcos de los capitalistas, y a quienes se les traducía el argumento, ya que no la letra de los dramas, porque esto significaba labor ardua y mortificante, tanto para el intérprete como para el que le escuchara. En todas ellas tres eran las figuras centrales: Confucio, el Emperador y el Gran Sacerdote. Sin estos personajes no había representación. Figuraban en el primer plano de la escena, todo se hacía por ellos, con ellos y para ellos. Cada vez que uno de los tres repetían sus parlamentos, los demás personajes de la obra se inclinaban reverentes y sumisos, reverencia y sumisión que había de hacerse extensiva á los espectadores. No se sentía ni la respiración de las gentes, la música enmudecía, los labios se cerraban y hasta el humo y la ceniza de los cigarrillos parecían detenerse en las espirales que formaban en el espacio. ¿Y el argumento ?... ¿Cuál era el argumento de las obras épicas y de las obras dramáticas ?... ¿Qué papel representaban en la escena Confucio, el Emperador y el Gran Sacerdote ? Nadie lo sabe. Nadie podría explicarlo ni interpretarlo. A veces eran el "Deux machina" de la tragedia griega; llegaban ellos y el conflicto terminaba bien, mientras los que no podíamos comprender, imaginábamos que iba á terminar mal a estar por los gritos y los gestos de los actores. Otra actitud que merecía estudiarse eran los gestos. En la escena dramática china todo lo hace el gesto. Las máscaras griegas de Eschyle, Sófocles y Euripedes; las actitudes humanas de Shakespeare y Moliére, no podían representar nada ante la grave y reflexiva elocuencia del gesto en la tragedia china. Casi todas son actitudes de Grand Guignol. Y cuando no es el gesto, surge el monosílabo; los parlamentos son cortos y apenas si se conoce el monologo, con el cual el teatro chino interpreta aquel decir de que las gentes no piensan á gritos, y menos en verso. Los argumentos son lánguidos, románticos, sentimentales, de una sentimentalidad ingenua y con un fin de honestidad. Esto sin perjuicio de otro argumento: el de las guerras, generalmente luchas de razas. Capuletos y montescos de las llanuras chinas. Julietas y Romeos de los castillos de porcelana. Una vez es una doncella que se pierde en el bosque, le suceden aventuras tartarinescas; viene á ser una Bella Durmiente de Perrault o una antecesora sucesora de los Siete Infantes de Lara. La doncella se ha perdido en el bosque. Los dragones, los lotos, los crisantemos, toda la fauna y la flora de las montañas la persigue. Es una especie de aventura homérica. A veces quieren hacerle el bien, otras veces el mal. De pronto aparece una figura venerable: luenga barba, cabellera cana, ojos hundidos, andar rítmico, la protege, la lleva al hogar y la casa con un gran príncipe. Y aquí termina la obra. Los hay simplísimos. De una simplicidad primitiva, completamente ingenua. Dos mancebos se casan, se quieren, tienen una larga vida matrimonial, forman el hogar, envejecen, mueren y los hijos les suceden, y como aprendieron de los padres, llevan la misma vida, siempre bajo la protección del Gran Sacerdote, que cuida no desaparezca esta familia ejemplar. Son la historia de toda una familia, porque al día siguiente los nietos viven igualmente. Se parecen al cuento de los enanos. Yo tenía un enano y se me murió; yo tenía dos enanos y se murieron; yo tenía tres enanos que también se murieron, у así prosigue la escala de los enanos muertos en cantidad infinita. Y en lo épico ya es muy diferente. Los guerreros, armados de mazas y es- padas relucientes, se empeñan en luchas temibles, sangrantes, mortales. Se pelea por todo: por una mujer У por una gracia del emperador; por una ofrenda á Confucio y por la роsesión de un feudo. Es el teatro de la lucha y del heroísmo, con espadas de cartón y vegigas coloradas. La mujer es otro misterio de la escena china. Aquí en Lima todavía no la hemos visto, porque los que hacían de mujeres en el teatro chino, eran hombres con faldas. Pero ella tiene un significado extraordinario en la escena. Hay Andrómacas, Hecubas y Helenas; pero generalmente prima el concepto de la raza respecto á la mujer: la inferioridad. Mientras una doncella se pierde en el bosque, á un doncel le ocurre aventuras de más interés. Mientras la mujer llora la servidumbre, el hombre guerrea por la tierra. Hay mujer á la que cuelgan de las trenzas y la someten ă una horrible tortura; hay hombre á quien no martirizan. EL INCENDIO - Así, representándose estas escenas y originándose estos líos diarios, existió en Lima durante más de cincuenta años, el teatro chino del Rastro de la Huaquilla. Un buen día, á las doce, en el mes de marzo, los piteos de los celadores anunciaron la señal de incendio, indicando el cuartel tercero como lugar del siniestro. Acudieron las bombas y se precipitaron los curiosos. Ei incendio era en el local del teatro chino. Mal construido, de madera y todo sucio y antihigiénico, la decencia de la capital permitió que en un momento se consumiera, quedando completamente en escombros. Por mucho tiempo dejó de funcionar el teatro chino en la calle de la Huaquilla. El terreno estaba desalquilado. Funcionaron en él circos, carrousseles y otras diversiones. Por fin, no pudiéndola pasarla los chinos sin su teatro, compraron una sucia carpa al último circo que trabajó en ella, improvisaron un proscenio, colocaron las antiguas bancas del Politeama y de nuevo funcionó el teatro, para deleite, regocijo y diversión de la colonia. LA CARPA - Ya se restringió mucho la entrada de los peruanos. Apenas si se permitía que ingresáramos los literatos, y, en fin, toda la gente seria. Tórtola Valencia, la original artista, Belmonte y cuanto artista de figuración pasaba por nuestra capital, acudia al célebre teatro, acompañado por el malogrado Abraham Valdelomar y un compatriota nuestro que era habitué. Costaba veinte centavos la entrada general. Y por esta módica suma, el encomendero y todo chino industrial, se pasaba la noche y la madrugada admirando las obras de sus autores. Eran "dilettantes" los que trabajaban, encomenderos en su mayoría, que ganaban la noche recitando las interminables melopeas de las obras ó cantando los versos de sus poetas. Hemos preguntado alguna vez á un chinito viejo: -Compadre, qué dice eso? Nos miró hosca y fríamente. Volvió los ojos á la escena y la atención á las frases y no quiso responder. Reiteramos la pregunta y nos respondió casi á gritos: -Tu no complende? -Ya lo creo que no! -Entonce pa que viene tu aquí... Y no volvimos más. Al poco tiempo la policía obligó á clausurar la carpa, y no hubo más teatro chino. EL NUEVO TEATRO - Y principia la tercera época de la escena china en Lima. Ya dijimos que actualmente se construye uno á todo lujo, que será un centro de diversión honesta, no solo para la colonia sino para los nacionales. No' van á haber casas de juego, ni garitos, ni posadas. Unicamente la sala del teatro, una de billares y un elegante restaurant de "Chifa" La sala ocupará una extensión de veinte metros de fondo por quince de ancho. Se le dotará de cuatrocientas plateas, doscientas galerías y veintidos palcos, suprimiéndose la cazuela para evitar escándalos. Es el mismo local tradicional. El restaurant tendrá veintiun metros de largo por once de ancho, y en él se servirá únicamente comida china, реro con todos los detalles de decencia y lujo que son necesarios. La sala de billares es bastante amplia. La entrada á la sala será por un callejón que quedará dentro del restaurant y el billar y oficinas de administración del teatro. Luego un gran hall y finamente la puerta principal que da acceso á la sala del espectáculo, con sus puertas de escape á ambos lados. En el restaurant se van á construir habitaciones para familias. Aún cuando los precios de las comidas serán tan bajos como en todos los "Chifas'" de Lima, por estas habitaciones reservadas se pagará una pequeña suma como alquiler por cada hora que el comenzal permanezca en ellas. EI servicio será nuevo, elegante y perfectamente higiénico. Los mozos estarán uniformados como en los grandes restaurantes chinos y la iluminación, aunque eléctrica, estará disfrazada entre faroles y arañas de luces, también como en China. Es decir que será un restaurant de Cantón trasplantado á la capital del Perú. Para el teatro la mayor novedad la constituye, por ahora, la llegada de diez artistas chinos de San Francisco de California, trayendo una búena orquesta, lujoso vestuario y decorados y repertorio completamente nuevo para Lima. Estos artistas saldrán de San Francisco, de la China Town de esa gran ciudad, el 22 del próximo mes de abril, para llegar Lima á mediados de mayo. Luego, en setiembre ú octubre, saldrán de Cantón veinticinco artistas más, entre ellos probablemente vendrán ocho mujeres, formando un cuerpo de baile para la mayor novedad de las representaciones. De manera, pues, que muy pronto veremos en Lima la original y exótica danza regional china. El señor Tong se propone ofrecer otras novedades con que distraer á sus laboriosos compatriotas y ver la manera de apartarlos del vicio. El teatro se inaugurará á fines del mes de mayo. B. R.
